Tras caminar con el charqui hecho pescado fresco o podrido jugoso, deshilachando la pata e` jaiba que se le metió entre los dientes sale el Don puita a agarrar minerales con las patas helás.
La Doña puita lo espera almidonada hasta el llanto, fresquita al haber, llena de curiosos perfumes que la hacen ser una canasta de frutas caladas -podridas también-. Los inertes los miran y aúllan con el jugueteo oscilante y desdeñoso, cochinos puita y puita, ricos pa la vida que goza con las fragancias y da aleteos felices mientras se suceden.
Puita y puita, aman amarrar con telas sucias sus muñecas y entregarse al hedor viviente, pero que felicidad amasan entre sus fantasías felices y sus tenderetes en el cielo. Valparaíso lagrimea un rato para luego enlazar el mar como buena vista sobre los ojos…
Susana Sánchez
Temática: Pareja temporal, Valparaíso. Colección personal
Técnica: Grafito, técnica digital